MEDIO AMBIENTE

Columna de Juan Manuel Astorga

La Sostenibilidad en el ámbito global

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió rechazar el año pasado el acuerdo mundial alcanzado en París en 2015 sobre cómo frenar el calentamiento global. EEUU es, después de China, el país que más dióxido de carbono emite, y por lo mismo, si no se suma a la iniciativa, el acuerdo no podrá cumplirse. ¿Cuál es su objetivo? Disminuir en 2ºC la temperatura del planeta de aquí al 2030. La temperatura en el mundo ha aumentado desde la era de la pre-industrialización. Se estima que desde 1850 a la fecha, se ha incrementado entre 1,5º a 2º centígrados. Otros científicos dicen que un poco menos, pero que sin duda ha subido en un siglo y medio.

¿Por qué ha aumentado la temperatura? Porque casi todo lo que uno ve, toca o siente ha sido cultivado, construido, transportado usando energía que viene de combustibles fósiles (petróleo y carbón, fundamentalmente, que al ser quemado emite contaminación). Es cierto que han sido de enorme utilidad para el desarrollo de la humanidad, permitieron la industrialización, el desarrollo y sacar a millones de la pobreza. Pero está bien documentado que el dióxido de carbono tiene un efecto invernadero; es decir, atrapa el calor en la superficie del planeta. Esa nube negra se posa en el cielo y produce un efecto “colchón”, pues atrapa el calor entre el suelo o el mar y el cielo, aumentando la temperatura.

Trump rechazó el acuerdo porque dice que implementarlo llevará a EEUU a perder millones de puestos de trabajo y porque las industrias tendrían que invertir demasiado en métodos no contaminantes, lo que las endeudaria, afectando el crecimiento. No sólo eso: agrega que no está probado que el hombre sea el responsable del calentamiento, sino que la temperatura podría estar aumentando como parte de un efecto cíclico del mundo, como lo ha vivido en otras épocas, como por ejemplo, la era de la glaciación. Sin embargo, la comunidad científica de forma masiva ha dicho que Trump es un ignorante y que desconoce los millones de estudios que comprueban que es el hombre el que está produciendo el calentamiento global.

En el otro extremo del comportamiento político, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, decidió aumentar el impuesto a la bencina a fin de reducir la dependencia de Francia frente a los combustibles fósiles y para financiar la inversión en energías renovables. Además, ha prometido un plan en materia de energía y medidas concretas para facilitar la transición ecológica. Ese aumento el precio de la gasolina le ha valido soportar duras protestas de automovilistas. Pese a ello, el gobernante no se ha movido en su decisión e insiste en el concepto clave detrás del que muchos países se comprometieron en París: la sostenibilidad. Macron ha sido impopular y le está trayendo costos: bajó en las encuestas. Trump en cambio, quedó al borde del populismo. Habrá que ver si le rinde políticamente su decisión. ¿Quién ganará este gallito? Difícil saberlo, aunque hay una pista: las empresas sistemáticamente y con mayor fuerza, están adaptando sus políticas para hacer del mundo un lugar sostenible económica, social pero también medioambientalmente. Ahí no hay vuelta atrás. Habrá que ver si Trump entra en razón.