La belleza en la carretera de los trolls

En la parte oeste de Noruega, el ingenio humano y una naturaleza grandiosa se han combinado para crear las carreteras más apasionantes del mundo. Para conocerlas hemos utilizado el nuevo S60.

TEXTO: LEO WILKINSON | FOTOGRAFÍA: JOHN WYCHERLEY

Despertando la emoción: el nuevo Volvo S60 sedán deportivo

La carretera, en su forma más pura, es la simple conexión entre un lugar y otro. Pero puede ser mucho más. En el lugar adecuado y con el vehículo adecuado, puede convertirse en un estado de ánimo, una conexión entre la persona y el lugar. Incluso en un elemento de belleza. En el oeste de Noruega, la carretera es todo eso y más. Aquí las carreteras giran y se retuercen, suben y bajan, se adentran en profundos túneles, pasan sobre inmensos puentes o atraviesan oscuros bosques. Son lugares donde siempre parece haber otra vista impresionante en la siguiente curva o tras la próxima colina. Si quieres volver a sentir la emoción de conducir —donde solo estés tú, el vehículo y la carretera—, este es el lugar al que deberías venir. Sobre todo si, como nosotros, puedes experimentar este paisaje único a bordo del S60, el nuevo sedán deportivo de Volvo Cars.

Conducimos por dos tramos de carretera reconocidos como los más apasionantes, divertidos y emocionantes del mundo. Separados por poco más de 100 km, el serpenteante paso de montaña de Trollstigen y la trepidante carretera del Atlántico son tramos de carretera relativamente cortos, pero se han convertido en un destino por sí mismos. La gente viene de todas partes del mundo para disfrutarlos. Nuestro objetivo es recorrer ambas carreteras buscando desvíos interesantes a lo largo del camino. Y sobre todo, venimos por el placer de conducir.

Nuestro punto de partida, Trollstigen, es una carretera de montaña que sube y baja en zig-zag por un escarpado valle. Inaugurada en 1936, sube hasta los 850 metros por encima del nivel del mar en su punto más elevado. El escenario es espectacular: lo único que hay a nuestro alrededor son laderas rocosas y —al menos durante nuestra visita— cumbres nevadas y un encapotado cielo otoñal. A medida que avanzamos, pienso en cómo el viaje ha ido poniendo de relieve los puntos más refinados del S60: sus extraordinariamente cómodos asientos, por ejemplo, y una pantalla táctil central tan elegante a la vista como fácil de usar. También me preguntaba cuán rápido es el modelo T6 R-Design que estamos conduciendo. La respuesta es —en las circunstancias correctas, claro— «mucho».

Ahora tengo la oportunidad de disfrutar de este dinámico sedán en la pendiente del 10 % y las 11 revueltas de Trollstigen. John, nuestro fotógrafo, insiste en que vuelva a recorrer de arriba abajo —y vuelta— los tramos empinados y las cortas y estrechas rectas para poder captarlos con su cámara. Me encanta complacerlo porque conducir este vehículo por aquí es apasionante. La sensación en el S60 es sumamente equilibrada y, a medida que las curvas se vuelven más rápidas y cerradas, utilizo las levas del volante para cambiar de marcha. Es un vehículo construido para disfrutar del placer de conducir. La suspensión delantera de doble horquilla contribuye a conseguir un manejo preciso, mientras que la innovadora suspensión trasera integral de Volvo Cars mantiene el peso al mínimo, lo que aumenta la agilidad y la capacidad de respuesta.

Trollstigen es un lugar en el que pueden aprovecharse al máximo los distintos modos de conducción del S60. Esta característica permite adaptar la forma en que responden el motor, la transmisión automática, la dirección, los frenos y el sistema de control de estabilidad. Selecciono el modo Dynamic y disfruto de la sensación a medida que las respuestas del vehículo se agilizan sutilmente para añadir un poco más de emoción en las curvas. Siento una conexión con la carretera que hace que no tema precipitarme por el otro lado del quitamiedos: tan fuerte es la sensación de control que me brinda el S60. De hecho, el mayor peligro aquí es la vista. Cada curva da paso a otra magnífica vista del valle que se extiende ante nosotros y de la propia carretera, que se revuelve de un lado a otro como un plato de ondulantes espaguetis.

Mantengo los ojos en la carretera y, demasiado pronto, dejamos atrás Trollstigen girando y retorciéndose a través de un valle boscoso. Selecciono el modo de conducción Individual, que ya he configurado con mi propia combinación de características: «dinámico» para la dirección y «confort» para la suspensión. Es una combinación que se adapta perfectamente a la conducción, que suaviza la superficie de una carretera marcada por los crudos inviernos noruegos, pero que me da una respuesta ágil cuando giro el volante.

Según nos acercamos a la ciudad de Andalsnes decidimos dar un rodeo para visitar Trollveggen: el «Muro de Troll». La carretera es ancha y despejada, lo que brinda al S60 la oportunidad de «estirar las piernas» y a mí de seleccionar el modo Comfort. Esto optimiza los ajustes del vehículo para hacerlo aún más cómodo. Hacemos el trayecto con rapidez y sin esfuerzo y poco después aparece ante nuestros ojos la inmensa mole de Trollveggen. Es la pared vertical más alta de Europa, otro ejemplo de las gigantescas dimensiones del paisaje de esta región de Noruega, y de la sensación de estar a merced de la naturaleza. Sintiéndonos totalmente seguros en el lujoso interior del S60, damos media vuelta y ponemos rumbo hacia nuestro destino de la jornada: la ciudad de Molde.

Partimos antes del amanecer del día siguiente. Fuera hace frío y hay mucha humedad, pero el habitáculo del S60, maravillosamente diseñado, hace que estemos deseando emprender el viaje, y la tracción integral de serie del modelo T6 nos proporciona una gran tranquilidad al salir de Molde por sus resbaladizas carreteras. Rumbo al norte, el escenario es menos espectacular que el de ayer pero, a medida que la luz del día empieza a iluminar el horizonte, la majestuosidad de montañas y lagos se extiende ante nuestra vista. Es un lugar con una capacidad casi infinita para despertar las emociones.

Al llegar a la ciudad de Vevang, el cielo parece abrirse para indicarnos que nos estamos acercando al límite de la tierra. Súbitamente, surge ante nosotros la inconfundible silueta del puente de Storseisundet. Igual de repentinamente, la carretera se hunde y el puente desaparece de nuestra vista. Ansioso por llegar, piso el acelerador y el motor T6 responde con toda su potencia. Unas cuantas curvas más allá cada vez hay menos casas a los lados de la carretera. De repente, el agua nos rodea. Es la carretera del Atlántico: un homenaje de 8,3 km al ingenio y la determinación. Construida a lo largo de seis años e inaugurada en 1986, conecta un grupo de islas con el continente, poniendo tierra firme donde antes solo había agua.

La propia carretera es espectacular, pero el puente Storseisundet es la atracción principal. Desde el sur, a primera vista parece más una torre que un puente, elevándose hacia arriba y hacia fuera, la carretera parece terminar en el aire. Resulta fácil ver por qué algunos la llaman «la carretera a ninguna parte». Según nos vamos acercando, el verdadero perfil del puente se revela y la ilusión óptica desaparece. Su pendiente del 8 % es desalentadora, pero el S60 la sube sin esfuerzo y la sofisticada suspensión lo mantiene perfectamente estable a medida que la carretera asciende y la intensidad de los vientos laterales aumenta.

Las olas baten por debajo a medida que nos acercamos al punto más elevado. De repente, estamos en la cima y todo se calma. La carretera se despliega ante nosotros, serpenteando entre las rocas y el mar. Es como una invitación a conducir tranquilamente, a disfrutar más de lo que el vehículo —y este país— nos ofrecen. Una invitación que aceptamos sin dudarlo un instante.